Massa y su reino

Virgilio estaba cansado de escuchar por la radio las noticias malas, ya suponía sobre el día frío y húmedo. Se acurrucó en el viejo sillón esperando que algún pensamiento perdido le cayera encima, y esto, por casualidad. De pronto recordó el paso rápido del tiempo; la última vez fue hace poco, le dejó con ese desgano de siempre, una caja de color púrpura con algunas memorias y otra amarilla llena de días y meses que no pensaba abrir.

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Almacenando fugas

Peter buscaba ansiosamente a Esther en la jungla de sus recuerdos. Sentado quieto en la mesa, sus ojos se movían casi con desesperación, la angustia lo invadían como olas reventando contra su memoria. Esa llamada de Sabine, su hija, lo dejó meditabundo, inerte, por varios minutos allí, en la mesa de su pequeño cuarto del hogar de ancianos.

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Las Torres

Máximo Cortina despertó con un dolor en la pierna; sí, solo sabía que le dolía la pierna, aunque no estaba seguro de cuál de ellas. No se atrevió a moverse, solo miró ese punto en el techo que siempre miraba al despertar. Gimió y supo de que era tiempo de hacer el primer esfuerzo.
Mientras se incorporaba, se percató de la falta de ambas piernas, así como de la vieja silla de ruedas, el escritorio y el libro de apuntes, recordando que todo eso describía en silencio su esencia.

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En el túnel

La noche está sofocante, difícil poder concebir el sueño, aunque el hielo en la ventana forma figuras que sugieren lo contrario. La repentina línea de luz bajo la puerta me llama la atención. Sentado al borde de la cama dubitativo casi sin pensar me esfuerzo por llegar a la puerta y abrirla; la esperanza de ver a Raúl me motiva. Si supiera él mismo, cómo me ha cambiado la vida, ¡Ah muchacho!

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El escape

Érase una vez en la cumbre de la montaña, allí donde la niebla se incrusta entre las grietas, en el bosque, allí donde no hay caminos y las copas de los árboles ofrecen segura morada. Es allí donde vive Monco y su familia. Él es primogénito de muchos, al menos su madre se lo repetía como para llenarlo de orgullo o para cargar su futuro con esperanza. Nunca supo quién era su padre, aunque por su mirada y la forma de comer las hojas sospechaba de Tulu.

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¡Carajo! qué vida...

Él está sentado en su cómodo sillón, en la tranquilidad de un lugar abandonado de hijos y desolado por el tiempo. A sus hijos los tenía constantemente en su pensamiento. Es allí donde él conservaba el bullicio y esos pensamientos lo aferraban a la vida.

El tiempo lo sorprendió coleccionando piezas del rompecabezas de su pasado.

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El borrador

El objetivo principal de…
No…
Este texto se trata sobre…
No…
Le propongo con la presente…
Tampoco…
Cómo he de empezar si estoy vacío, si acabo de perder la frágil razón de vivir.
Esa tasa de té se enfría lentamente al ritmo de los caracoles voladores en un complejo deportivo.

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Anhelos

No sabía porque lo llamaron Gregorio, no conoció ni a madre, ni a padre. Veía con agrado pasar a los pescadores que venían de sus campos y del caserío, gente que no conocían la lluvia ni el valor del dinero. El agua para el campo vendría de lejos, de las montañas, y con el dinero no se hace nada, sin embargo, con la yuca, la carambola, la fresa y el frijol, la vida tiene sustento.

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es de propiedad de Fernando Cárdenas Gismondi. Todos los textos aquí publicados son de su completa autoría.

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